Queridos amigos,
a partir de la tercera semana de Enero del 2009 pondremos en marcha los
nuevos talleres del Bandido:
- Los lunes de 11.30 a 13.30h. Manifestación de la poesía
con Ruth Gabriel.
- Educar la importancia de los cinco sentidos como herramienta de percepción
y manifestación.
- Ritmo gramatical: Música de la prosodia.
- Modulación: Música de la expresión.
- Los martes de 11.30 a 13.30h. Percepción de la poesía
con Ana Rossetti.
- La poesía puede estar en cualquier cosa pero no es cualquier
cosa.
- Educar la mirada para encontrar distintas perspectivas.
- La poesía sólo es una manera distinta de cuestionar la
realidad.
- La naturaleza, los sentimientos, los acontecimientos… no son poéticos;
es su interpretación la que los convierte en objetos de arte.
- Los viernes de 11.30 a 13.30h. Leer y escribir con Soledad Puértolas.
Nuevo taller literario que como los anteriores se titulará LEER
Y ESCRIBIR y que volverá a dirigir Soledad Puértolas con
la colaboración de Victoria Fernández Cuesta.
Contenido:
-Lectura comentada de textos de Antón Chejov, Fiodor Dostoyevski,
Eudora Welty, Raymond Carver y Richard Ford.
-Ejercicios de redacción.
Los talleres constaran de seis sesiones cada uno y tienen un coste 200E.
Comenzarán la tercera semana de Enero y finalizan la semana del
20 de febrero.
¡Apúntate o regala a alguien la oportunidad de participar
en los talleres!.
www.elbandidodoblementearmado.com
La última
novela de Soledad salió el 8 de mayo de 2008.
He aquí
una opinión de Ramón Cotarelo, conocido sociólogo:
La
mirada interior.
(Cielo nocturno, Anagrama, Barcelona, 242 págs).
Cada libro que leo de Soledad Puértolas me parece mejor que el
anterior,
prueba inequívoca de que lo que me gusta es la escritora que no
me
atreveré sostener sea la mejor española ya que sostener
esas cosas en literatura es majadero, pero sí la que más
me gusta. Y es la que más me gusta porque consigue eso que Carmen
Martín Gaite explicaba muy bien en un ensayo sobre la narrativa:
que el lector sienta que le está hablando a él y de él.
Lo cual es
doblemente curioso porque en este libro Puértolas sólo habla
de ella y para ella, por lo demás como hace casi siempre. Yo no
nací en provincias, en una familia de padre falangista ni fui a
un colegio de monjas, sino que lo hice en Madrid, en una familia de republicanos
represaliados y fui a un colegio diocesano. Sin embargo la historia de
Puértolas es mi historia, me identifico con ella a través
de esa prosa sencilla, cristalina, tenue, un poco sosa, casi sin adjetivos
que parece como si fuera dibujando a las personas, los edificios, los
días, las cosas con un solo trazo sutil.
Así uno
no lee sino que se deja llevar por la lectura y ve, siente, experimenta
vicariamente una realidad que Puértolas ha ido a buscar a Dios
sabe dónde en sus recuerdos y se despliega como algo ajeno y próximo
al mismo tiempo, con una cadencia irónica.
Al cerrar el libro sucumbe uno a la odiosa manía taxonómica
y se pregunta
uno qué clase de obra sea ésta. Una pregunta estúpida
porque no tiene clase, es única, original, propia. Si como dicen
por ahí toda novela es autobiográfica (vaya cuento), ésta
sería una autobiografía novelada pero extraordinariamente
solipsista. Escrita en primera persona, con una baile de tiempos verbales
que es un modo indirecto de decir que la narradora está viviendo
en este momento el tiempo que narra, los otros personajes, tan reales
como la narradora misma, sólo aparecen como ella los ve y como
los ve según va creciendo. Con lo cual pareciera que de novela
le queda poco. Y sin embargo es novela. Es más novela que una novela
pues simula ser narración en lo que hoy se llama "tiempo real".
En una autobiografía el autor nos anticipa los destinos últimos
de algunos personajes cuando han sido decisivos en su vida. No aquí.
La relación de la autora (cuyo nombre, si no recuerdo mal, no se
menciona en todo el libro) con Mauricio es determinante en su vida, pero
la vivimos como si fuera una relación abierta a cualquier fin siendo
así que tiene uno y es sorprendente.
Es un libro rebelde porque cuenta una rebelión y lo hace de una
forma inclasificable. Pero en todo caso magistral. Lo del magisterio no
es hipérbole. Puértolas es una escritora de pura raza y
cuenta las cosas como le da la gana; en este caso, parte de una vida,
y decisiva, en dos escenarios: el colegio y la universidad y en el ínterin
una capital de provincia, supongo que Zaragoza, en los años oscuros
del franquismo, los cincuenta, los años de dar vuelta a la ropa,
tirar de las costuras y ropa vieja de cena. Los Moraleda se me van a quedar
ya como el símbolo de la
burguesía frustrada igual que los Venturin son el de la nobleza
paleta en Proust. Por cierto, esa semimonja, Carmen, fascinada por Saint-Exupéry
y Proust, es un personaje bien curioso. Me pregunto qué es lo que
la atraería del uno y del otro.
Puértolas
habla de sus tiempos, que son los míos. Hemos visto las mismas
cosas, situaciones, personas, acontecimientos, festejos, rutinas, por
los mismos años, aunque ella es cuatro más joven. Así
que nada de extraño tiene que uno se entusiasme cuando una autora
tan magnífica habla de algo que uno también conoce. Produce
una gran alegría encontrar sentimientos propios expresados con
tanta elegancia por otra que está hablando de los suyos. Y que
lo hace de una forma como abriéndolos al mundo. "¿Qué
es lo que Mauricio ve en mí?, ¿qué busca, qué
quiere de mí? Aún recuerdo lo que yo esperaba de él;
lo que en el fondo esperaba de la vida: ser entendida." (p. 152)
Ahí es nada. Ojalá lo haya conseguido. Porque hace falta
un artista para substituir el socrático "conócete" por el
propio y solipsista "conóceme".
Es magnífica la primera parte (algo menos de la mitad del libro)
en que se narra la niñez y adolescencia hasta la salida del colegio
rumbo a la universidad, cosa que se hace relatando fragmentos que no tienen
más hilo entre sí que uno endeblemente cronológico
al que apenas se hace alguna referencia. Y lo más curioso es, para
mí, leérsela a una niña, cuando uno se ha tirado
toda la vida escuchando las experiencias de infancia y adolescencia en
historias de chicos, desde Guillermo Tell a Tom Sawyer.
Niños y niñas son experiencias tremendamente distintas sobre
todo en sistemas educativos segregados. Y cuando digo segregados me refiero
a todas las posibles segregaciones, también en mi colegio había
escolares que no pagaban porque eran huérfanos de Hacienda o huérfanos
de ferroviarios, dos orfandades al parecer bienquistas del Régimen.
Los años de la universidad son casi los míos, posteriores,
que fueron aun mejores. Y la forma en que están contados con mucha
ironía y bastante delicadeza. Es muy bueno el paralelismo que se
establece en la evolución de la autora entre un aspecto vital y
otro teórico. Habla mucho del vital porque es una implicación
sentimental y es lo que más le interesa y entendemos que esa evolución
se completa en el tránsito de Mauricio a Carlos, al final de la
cual hay una crisis de la que Puértolas no quiere hablar. De la
teórica apenas se ocupa, no le interesa, pero la retrata a la perfección
al narrar cómo, tras ser expedientada, es acogida por profesores
y ayudantes en una especie de seminario especial para ayudarle a preparar
las asignaturas y ella concluye que eran parecidos a los del grupo izquierdista
de Mauricio. Sólo que, allí, dice Puértolas, el santón
era
Popper. Viaje de parte importante de la izquierda española, es
verdad, de
Marx a Popper.
Vuelvo a la rebeldía, que es el núcleo central del relato.
Lo que Puértolas cuenta es cómo va acumulándose en
ella una especie de energía de rechazo durante los años
del colegio que por fin estalla en la universidad. Eso la lleva a enfrentarse
con su padre y a emanciparse (por cierto, el lugar en donde lo hace no
puede ser más divertido, una especie de comuna en la que todo dios
daba a la maría), pero como es ella misma, se trata de una ruptura
sin gritos, sin aspavientos, prácticamente sin palabras, con miradas,
con silencios. Así se va de su casa. Y poco después, del
libro. Se queda uno pensando cuando podrá leer la continuación
y si habrá continuación.
Al fin y al cabo Puértolas disfruta del bien ganado privilegio
de escribir de
lo que le apetece y si privilegiado es hacerlo contando la propia vida
como se quiere, no menos lo es dejando de hacerlo. Pero abrigo la esperanza
de la habrá. Puértolas es una mujer observadora; fue una
niña, una adolescente, una joven observadora, no exactamente introvertida
pero con mucha mirada interior, mucho diálogo interno. Y por eso
le fascina explicarse a sí misma por las cosas que observa que
le suceden.
PUBLICADO POR RAMÓN COTARELO
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